14/01/2016

Un marco teórico para entender el populismo

“Nuestro enfoque parte de una insatisfacción básica con las perspectivas sociológicas que, o bien consideraban al ‘grupo’ como la unidad básica del análisis social, o bien intentaban trascender esa unidad a través de paradigmas holísticos funcionalistas o estructuralistas. Las lógicas que presuponen estos tipos de funcionamiento social son, de acuerdo con nuestro punto de vista, demasiado simples y uniformes para capturar la variedad de movimientos implicados en la construcción de identidades (...) 

El camino que hemos intentado seguir para tratar estas cuestiones es doble. Lo primero ha sido dividir la unidad del ‘grupo’ en unidades menores que hemos denominado ‘demandas’: la unidad del grupo es, en nuestra perspectiva, el resultado de una articulación de demandas. Sin embargo, esta articulación no corresponde a una configuración estable y positiva que podríamos considerar como una totalidad unificada: por el contrario, puesto que toda demanda presenta reclamos a un determinado orden establecido, ella está en una relación peculiar con ese orden, que la ubica a la vez dentro y fuera de él. Como ese orden no puede absorber totalmente a la demanda, no consigue constituirse a sí mismo como una totalidad coherente. La demanda requiere, sin embargo, algún tipo de totalización si es que se va a cristalizar en algo que sea inscribible como reclamos dentro del ‘sistema’. Todos estos movimientos contradictorios y ambiguos implican las diversas formas de articulación entre lógica de la diferencia y lógica de la equivalencia (...) La imposibilidad de fijar la unidad de una formación social en un objeto que sea conceptualmente aprensible conduce a la centralidad de la nominación en la constitución de la unidad de esa formación, en tanto que la necesidad de un cemento social que una los elementos heterogéneos –unidad que no es provista por ninguna lógica articulatoria funcionalista o estructuralista- otorga centralidad al ‘afecto’ en la constitución social. Freud ya lo había entendido claramente: el lazo social es un lazo libidinal. (...)

¿Por qué tratar estos temas en una discusión sobre populismo? La razón es la sospecha, que he tenido durante mucho tiempo, de que en la desestimación del populismo hay mucho más que la relegación de un conjunto periférico de fenómenos a los márgenes de la explicación social. Pienso que lo que está implícito en un rechazo tan desdeñoso es la desestimación de la política ‘tout court’ y la afirmación de que la gestión de los asuntos comunitarios corresponde a un poder administrativo cuya fuente de legitimidad es un conocimiento apropiado de lo que es la ‘buena’ comunidad. Éste ha sido, durante siglos, el discurso de la ‘filosofía política’, instituido en primer lugar por Platón. El ‘populismo’ estuvo siempre vinculado a un exceso peligroso, que cuestiona los moldes claros de una comunidad racional. Por lo tanto, nuestra tarea, del modo como la hemos concebido, ha sido aclarar las lógicas específicas inherentes a ese exceso y afirmar que, lejos de corresponder a un fenómeno marginal, están inscriptas en el funcionamiento real de todo espacio comunitario. (...)

Una consecuencia de nuestra intervención es que el referente del ‘populismo’ se vuelve borroso, pues muchos fenómenos que tradicionalmente no fueron considerados como populistas, en nuestro análisis caen dentro de esta calificación. Aquí reside una crítica potencial a nuestro enfoque, a la cual solo podemos responder que el referente del ‘populismo’ siempre ha sido ambiguo y vago en el análisis social. Basta con revisar brevemente la literatura sobre populismo (...) para ver que está plagada de referencias a la vacuidad del concepto y a la imprecisión de sus límites. Nuestro intento no ha sido encontrar el ‘verdadero’ referente del populismo, sino hacer lo opuesto:  mostrar que el populismo no tiene ninguna unidad referencial porque no está atribuido a un fenómeno delimitable, sino a una lógica social cuyos efectos atraviesan una variedad de fenómenos. El populismo es, simplemente, un modo de construir lo político."

Ernesto Laclau (2005) ‘Prefacio’ de La Razón Populista.



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