08/11/2016

De octubre a octubre: un año después del preludio de la derrota

La semana pasada se cumplió un año de la primera vuelta electoral del 2015. El aniversario llegó un día antes de la conmemoración por el fallecimiento de Néstor Kirchner. La atención puesta sobre esta última (más convocante que todas las anteriores por razones obvias), hicieron que el recuerdo de la antesala de la derrota kirchnerista pasara casi inadvertido. Nunca está de más volver la mirada hacia atrás por un segundo, y sopesar qué nos dejó aquella jornada ominosa.

Cierto es que cada vez que se mira hacia el pasado electoral reciente, parece inevitable hilvanar largas listas de promesas incumplidas o de derechos vulnerados al calor de las políticas macristas. Tratemos de evitar estas siempre útiles enumeraciones para volcar la atención sobre dos elementos algo menos transitados: la recepción mediática de los resultados de primera ronda y el impacto de aquellas elecciones en la militancia kirchnerista.

Las portadas del 26

Para los diarios del 'día después', la ajustada victoria de Scioli (que no superó el 2% frente a su contrincante) fue interpretada en el contexto de la derrota bonaerense de Aníbal Fernández. Así, Clarín señalaba: “Los resultados, sobre todo el notable triunfo de Vidal… anticipan un fin de ciclo para el kirchnerismo duro.” Y Ricardo Kirchbaum acompañaba el presagio titulando: “Cristina fue la principal derrotada”.

La portada de La Nación proponía lecturas más racionales, saludando los resultados como “Una noche que cambió la política argentina”. Pero fue Página /12 el único periódico que supo llevar a la portada aquello que en verdad se ponía en juego: “Dos países”, fue el lacónico titular, acompañando la imagen de los dos candidatos encaminados al ballottage.

De estos “dos países”, uno se hizo presente de inmediato en las tapas de los diarios económicos. “Los mercados esperan un lunes eufórico, con subas en bonos y acciones”, anticipaba El Cronista, y Ámbito Financiero les daba la razón asegurando: “Se descuenta una fuerte suba en los bonos y las acciones de Argentina desde hoy”. Menos afinados para los matices, y desatendiendo esta evidencia, La Izquierda Diario recibía los resultados electorales con un ingenuo “No le hagas el juego a la derecha: votá en blanco.”

Las portadas de ayer, hoy

A un año de estas primeras y rápidas impresiones mediáticas es posible realizar una lectura más asentada de su contenido. Aquella automática “euforia” de los mercados, si bien justificada, hoy debiera moderarse. Macri no tardó en aplicar el ajuste requerido por empresarios e inversores, y en empujar las demandas salariales a la baja. Sin embargo, la pronosticada “lluvia de inversiones” nunca se materializó, y, ya avanzado octubre de 2016, estos mismos empresarios e inversores advierten que no se materializará a menos que el gobierno consolide su victoria el año que viene.

Por supuesto, esto no significa que la “euforia” se haya disipado por completo. Aunque las ganancias interanuales en la Bolsa de Comercio no mejoren los números de 2015, la mayoría de las empresas que cotizan continúan haciendo una buena diferencia. Y si de ganadores hablamos, ninguno como la banca, que logró incrementar en un 60% sus ganacias con respecto al año pasado, y llegó a representar el 54% del total de ganancias en la Bolsa.

Si a ‘este país’ no le va tan mal, al ‘otro país’ las cosas no parecen irle demasiado bien. Más allá de las regulares movilizaciones multitudinarias que hasta los periódicos macristas se ven obligados a cubrir, en lo que va del año ha habido un promedio de más de un paro, marcha, corte o protesta por día alrededor del país. Es decir que, en promedio, no pasa un día en que el malestar no tome las calles en algún rincón de la Argentina. Este otro país, el país de los trabajadores y de los pequeños emprendimientos golpeados por la economía liberalizada, rara vez llega a los titulares, pero reactualiza día a día la tensión entre los dos modelos graficada por la portada de Página/12 luego de la primera vuelta electoral. Hoy, la imagen de un presidente empresario rodeado de CEOs,  llamando a los trabajadores a no poner “palos en la rueda de las empresas”, es la fatídica contracara del conflicto social en permanente ebullición. Tan evidente ha sido esta tensión entre modelos, que hasta la izquierda trotskista acabó asumiéndola y hoy se encuentra compartiendo eslóganes y alguna que otra marcha con el propio kirchnerismo.

De las portadas a las redes, y de las redes a las calles

La lectura que tal vez merezca más atención es aquella que pronosticaba el “fin del kirchnerismo”. Contrario a todas las previsiones clarinistas, la ajustada victoria de octubre no solo no acabó con el kirchnerismo, sino que activó a una importante porción de votantes que hasta entonces no se encontraban enmarcados dentro de espacios de militancia formal. Fue justo después del 26 de octubre que se creó la comunidad de Facebook ‘Resistiendo con Aguante’, que no tardó en congregar a medio millón de miembros afines al gobierno saliente y que se multiplicó en cientos de microcomunidades locales con presencia en las las distintas movilizaciones que se vienen llevando a cabo desde la asunción de Macri.

En una encuesta propia llevada a cabo en el grupo Resistiendo con Aguante, si bien un 58% refiere no tener participación política formal, un nada despreciable 12% declara haber iniciado su militancia partidaria a partir de la derrota electoral del 2015. De aquellos que no se encuentran encuadrados dentro de un partido político, un 14,7% asegura haber asistido a por lo menos una reunión de debate político durante este año, y un impactante 33% declara haber participado en por lo menos una movilización a lo largo del 2016. Estos números dan cuenta de que, lejos de haber sepultado al kirchnerismo, el impacto de las elecciones despertó el compromiso activo y militante de una numerosa porción de votantes hasta entonces no comprometida con la acción política directa. En este contexto, los resultados de octubre deben verse como un primer sacudón que despabiló a buena parte de las bases kirchneristas y cerró filas frente a la dispersión del espacio peronista.

Junto con esta activación de una militancia hasta entonces aletargada, las elecciones de octubre despertaron a su vez nuevas formas de acción militante. Aquella que más claro impacto tuvo tras la primera vuelta electoral fue la modalidad de campaña 'puerta a puerta'. Versión superadora del timbreo-ficción duranbarbista, el 'puerta a puerta' del kirchnerismo apeló al diálogo directo de vecino a vecino, ya sea en las casas, en las calles, o en los transportes públicos. A esta novedosa forma de vinculación con el electorado le siguieron las charlas de referentes partidarios en las plazas, algo que a medida que fuese creciendo acabaría derivando en las multitudinarias Plazas del Pueblo, que hoy se replican cada semana en algún punto del país.

En cierta forma, la fragilidad electoral que dejó entrever el FPV en octubre de 2015 llevó a que esta fuerza, acostumbrada a la construcción de vínculos verticales desde las instituciones estatales, o desde sus medios afines, tomara conciencia de la importancia de los vínculos horizontales. Curiosamente, se trata de vínculos que el Pro ya venía explotando con acertado criterio y visión, tanto en las comunidades virtuales como en las charlas entre los ministros de la Ciudad y los vecinos. Mejor tarde que nunca, asegura el refrán. En este sentido, la virtud del kirchnerismo ha sido romper la inercia del pasado y adentrarse en nuevos terrenos, lo cual no podría haberse dado sin una amplia base de militancia (a diferencia de lo que venía ocurriendo con el Pro, cuyo principal replicador siempre fueron los medios concentrados).

Hoy, desde su lugar de oposición (y mientras las cabezas políticas atienden a la rosca partidaria que sucede a toda derrota de proporciones), la militancia kirchnerista se ha reconfigurado, ha actualizado sus espacios de acción, y lo ha hecho sin perder uno de sus principales activos políticos: la capacidad de movilización.

Los medios y las portadas de mañana…

Solo queda un espacio, no menor, en donde el FPV se muestra en franca retirada: los medios. Salvo valiosas pero limitadas excepciones, las voces del kirchnerismo han desaparecido del registro mediático. En la amplia mayoría de los medios se habla por o sobre el kirchnerismo, pero evitando la presencia kirchnerista o diluyendo la confrontación directa. Como lo que se perdió por un lado debe compensarse por otro, la actual penetración en las redes (donde ya se compite cabeza a cabeza con el macrismo), y la constante presencia en las calles, tratan de funcionar como contrapesos. Las multitudes, se sabe, continúan siendo esquivas al partido de gobierno (que ya desistió de convocarlas tras el fracaso de la apertura de sesiones del Congreso). Las calles, por lo menos, continúan siendo kirchneristas.

Empatados en el terreno virtual, resta ver hasta qué punto la movilización y el diálogo cara a cara con el vecino podrán compensar la limitada presencia mediática, hoy que casi la totalidad del espectro de medios ha decidido proteger la imagen y la gestión macrista al tiempo que continúa ocupado en golpear y denunciar la gestión kirchnerista. En cualquier caso, no será algo que podamos develar sino hasta 2017, cuando un nuevo octubre nos reciba.



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