E ste cómic merece un buen preámbulo. Conocí a Gastón Martino cuando, en mi calidad de editor de la vieja Exégesis sci-fi, me llegaron las primeras páginas de su novela gráfica ' Allman '. Tuve el raro privilegio de acompañar a este magnífico dibujante a través de las 80 páginas de aquella aventura espacial, revisando capítulos, sugiriendo algún que otro cambio y predicando el ‘correcto’ uso de tildes y demás signos de puntuación. Si hasta tengo aquí a mi lado un ejemplar en papel de aquella aventura, con dedicatoria y todo, que supo atravesar el Atlántico y llegarse hasta la herrumbrosa puerta de mi casa. Hasta aquí, con Gastón éramos distantes camaradas. Pero sabemos que un guionista que se precie no puede permitirse abandonar a un dibujante así en los callejones de la simple camaradería. Me propuse seducirlo hasta convertirlo en un verdadero colega. No hubo otro objetivo detrás de ‘La mordida de la Cobra.’ No había inspiración, no había historia, no había nada para decir co...