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Olimpíadas y políticas del cuerpo

L a atleta femenina de lanzamiento de martillo avanza su enorme humanidad hacia la jaula de seguridad. La seguimos en la pantalla del televisor: su andar tosco y descuidado, sus piernas fornidas, sus brazos gruesos, su busto inexistente, perdido tras un exceso de humanidad… Por si esto fuera poco, el cabello desmechado y corto. “¡Qué poco femeninas!” se oye decir a una mujer en el extremo de la mesa familiar. “¡Qué lástima que sean tan masculinas!” señala otra. Las observaciones sobrevuelan el círculo doméstico y caen sobre la mesa con el peso de la violencia autoinfringida: son las mujeres, ellas mismas, las que se animan antes que nadie a juzgar a otras mujeres con los parámetros de una cultura patriarcal. Porque después de todo, ¿qué significa aquí ser “masculino”? Ninguno de los hombres en torno a la mesa se caracteriza por su musculatura o por su tamaño, por la desmesura física o por los ademanes toscos y vulgares. Esto, sin embargo, no los exime de ser “masculinos”. Los hombres...

Pensamientos usurpados 13: ¿Qué tan inteligente es Del Potro?

En el momento en que la pelota abandona la raqueta del tenista que ha efectuado el saque, el cerebro calcula aproximadamente dónde aterrizará y dónde la interceptará la raqueta. Este cálculo incluye la velocidad inicial de la pelota, combinado con los datos de la disminución progresiva de velocidad y del efecto del viento y, después, el rebote de la pelota. Simultáneamente, se dan órdenes a la musculatura: no todas de una vez, sino constantemente, con información refinada y actualizada. Los músculos tienen que cooperar. Los pies se mueven, la raqueta se sitúa detrás, manteniendo un ángulo constante. El contacto tiene lugar en un momento preciso que depende de si la orden consistía en tocar la raya o cruzar la pista, orden que no se emite hasta después de un análisis casi instantáneo del movimiento y de la postura del oponente. Para devolver un saque normal se dispone de un segundo para hacer todo esto. Tocar la pelota ya resulta notable en sí, y sin embargo no es infrecuente. La verdad...