25/12/2013

Tres traducciones que me enorgullecen (y algunas notas sobre el potencial de la historieta)

He estado haciendo traducciones desde antes de que mi manejo del inglés fuese decente. Y luego, cuando ya me podía entreverar con piezas de toda calaña sin demasiado esfuerzo, llegué incluso a tentarme con la posibilidad de tomar algunas comisiones y despuntar el vicio a cambio de unos morlacos. No tardé en darme cuenta de que no iba a haber forma de disfrutar de esto traduciendo sitios de hotelería y manuales técnicos. Mi tiempo siempre valió demasiado como para perderlo en banalidades asalariadas.  De modo que solo seguí castellanizando aquello que considero valioso. Pero nunca como este año me comprometí tan profundamente con esto, hasta el punto de poder sentir que me honra ser el primero en acercar al español a autores aún ignotos pero con proyección asegurada, como Jonas McCluggage, Neil Cohn y Sarad Sharma.

Jonas McCluggage es un buscavidas veinteañero que comenzó a narrar sus peripecias adolescentes en el webcómic ‘The adventures of Jonas’ (Las aventuras de Jonas) aún antes de que los webcómics se pusieran de moda, y que creció como artista al tiempo que su diario en viñetas progresaba y sus historias pasaban de narrar conflictos de secundaria a retratar su osada búsqueda de vida en las márgenes del sistema de instituciones norteamericano. Como ya señalé hace un tiempo, llegué a su cómic de casualidad y la fascinación fue instantánea. Su personalísima experiencia de vida, unida a su solidez narrativa y al encanto de sus trazos digitales, son un inigualable espejo donde todos podemos reflejar nuestras propias búsquedas, nuestros sueños y nuestras frustraciones. Durante todo este año he estado traduciendo y publicando con intermitencias los primeros capítulos de este diario biográfico en Subcultura. Y aunque Jonas me acaba de confirmar que está pronto a cerrar este proyecto para siempre, a mí me queda todavía bastante camino por recorrer, pues recién ando repasando su año 2010.

Neil Cohn, por su parte, es un psicólogo cognitivo formado en la universidad de Tufts, Massachussets, y tal vez uno de los pocos futuros grandes lingüistas del siglo XXI. Lo que de aquí a diez años pueda darle el derecho a compartir un café con tipos como Chomski y Jackendoff (este último su mentor) es su teoría de que existe una tercera modalidad lingüística, hasta ahora ignorada: el lenguaje visual. Fanático de los cómics, Neil tuvo la intuición que tal vez muchos otros hombres de las artes tuvieron alguna vez, de que los formatos visuales como el cómic o el cine podían esconder un lenguaje. A diferencia del resto, Neil no se quedó en un abordaje metafórico del concepto, sino que se propuso desentrañar la estructura léxico-gramatical detrás de este lenguaje y delinear el complejo cerebral que lo sostiene. La teorización inicial dio paso natural a la investigación,  y en este último tiempo sus intuiciones han sido regularmente confirmadas a través de diversos experimentos cognitivos. Por si esto fuese poco, su idea de partida dio pie a numerosos descubrimientos asociados, entre estos una provocadora teoría que asimila el desarrollo del dibujo al desarrollo del lenguaje oral y nuevas hipótesis explicativas para ciertas peculiaridades gramaticales de las lenguas orales. En fin, un claro portento de los cómics, la lingüística y la psicología cognitiva. Pero si alguien así podría sin dificultad encaramarse en el caballo del academicismo distante y elitista, Neil es en cambio un tipo bonachón y generoso como pocos, y no tuvo que pensarlo dos veces cuando le propuse traducir sus primeros artículos al castellano para Revista Exégesis. Neil es, de todas las personas a las que he traducido, la más entusiasta, la más colaboradora y la más abierta al diálogo y al debate.  Viene siendo un verdadero honor ser el primero en acercar sus revolucionarias teorías al mundo de habla castellana, más ahora que su libro seminal (The Visual Language of Comics) acaba de ser publicado en Europa y está pronto a aparecer en los Estados Unidos.

Finalmente, nos queda Sarad Sharma. A diferencia de Jonas y Neil, Sarad es ya una personalidad reconocida en buena parte del mundo. Solo que esa parte del mundo es la India,  Asia oriental, África y algún olvidado país en las márgenes de Europa (estoy pensando en Finlandia), razón por demás clara para que su reconocimiento nos resulte del todo ignorado.  Curiosamente, la experiencia de Sarad parece conjugar a la perfección los postulados prácticos derivados de las teorías de Neil: si existe un lenguaje visual, entonces debe fomentarse su práctica, uso y desarrollo en el común de la gente, y no en una elite de artistas profesionales. Esta es la idea detrás de su proyecto ‘Grassroots Comics’ (Cómics de las bases), un movimiento social que brinda las herramientas para la elaboración de historietas a grupos en riesgo, para que a través de las viñetas sea la propia gente implicada (niños, jóvenes, adultos, ancianos) quienes describan su realidad, planteen inquietudes y soluciones, y las compartan con sus comunidades. Un claro ejemplo del potencial social y liberador de los cómics. Hoy que la historieta está en franca decadencia en gran parte del mundo, y que su contenido no logra romper la asociación con lo infantil y lo banal, ideas contraculturales como la de Sarad parecen incubar la clave para la superación de los límites impuestos por la industria del cómic. Es otro pequeño honor el haber sido el primero en acercar al castellano las bases y conceptos asociados a este movimiento en el último número de Exégesis.

En conclusión, y como ya anticipo en el párrafo anterior, hay algo en común que me atrae de estas tres traducciones en particular. Neil sienta las bases de una modalidad de comunicación específica, el lenguaje visual, que se presenta como uno de los componentes esenciales del formato historieta. Jonas rompe la lógica narrativa dominante en la cultura del cómic durante su adolescencia y utiliza las viñetas para la introspección y la sublimación de conflictos personales. Sarad rompe la misma lógica en pos del intercambio comunitario y la visualización de problemáticas sociales. Hacia dentro o hacia fuera, ambos proyectos expresan el poder de los cómics como medio de comunicación más allá de la esfera comercial. La historieta se descubre como una herramienta lingüística para la expresión y la comunicación. Si a esto le sumamos el periodismo en historieta (el ‘comics journalism’, con Joe Sacco a la cabeza), que se propone describir la realidad desde la intersección entre el lenguaje visual de los cómics y los discursos periodísticos, o los ensayos en formato cómic (entre cuyos exponentes pueden contarse McCloud, el propio Cohn, y el propio Sacco), o incluso la poesía visual (con la que también me he comprometido a través de traducciones para Revista Exégesis), tenemos entonces un espectro de potencialidades para la historieta que es netamente equivalente al de la lengua oral y escrita. Lo único que hace falta entonces es más gente valiente dispuesta a explorar estos territorios y a tomárselos con la seriedad que se merecen. Yo no puedo dejar de sentir algo de orgullo por sumar mi granito de arena a la difusión de estas ideas en el humilde pero siempre activo universo de la narrativa gráfica en español. 


Y de yapa, algo sobre poesía visual en Revista Exégesis: teoría (acá, acá y acá) y práctica (acá, acá, y acá).

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