E l pavor por las novedades tecnológicas suele tomar por igual tanto los corazones de aquellos que desconfían de los avances en general como de aquellos que simplemente se aferran con ahínco a lo tradicional y conocido. Todo cambio, se sabe, produce desconcierto. El último cambio que viene a incomodar a los viejos amantes del cine es la tercera dimensión: el cine 3D, que tan amablemente hemos re-descubierto en los últimos años, de la manos de la nunca bien ponderada (aunque, por costumbre, sobrevalorada) cinematografía infantil. Es decir, que cunden las películas tipo Disney en 3D. ¡Como si los chicos notaran la diferencia! Que no la notan, claro (tan poco tiempo tuvieron para aferrarse siquiera a lo tradicional y conocido). En fin. El cine 3D llegó (nuevamente) y no tardó en recibir los aireados disparos de los cinéfilos más convencionales. Hay muchas cosas para cuestionarle, pero quienes defienden esta tecnología ven en los críticos a vetustos señores temerosos del cambio. Yo he d...