02/05/2013

Palabras 5: La normalidad de De Narváez

“Nos une una vocación de volver a la normalidad.”
Con estas palabras definió De Narváez su alianza con De la Sota, Moyano y Lavagna, durante una conversación matutina en el programa de Magdalena. La sentencia posee el alcance de una declaración de principios y entraña un objetivo político que, no por vago e indefinido, puede pasarse por alto. Tantear los contornos de la figura implícita en las palabras del político peronista merece algo de análisis.  


Lo primero que convendría repasar es la noción de ‘normalidad’ que aparece en el centro de los anhelos del candidato bonaerense. La ‘normalidad’ es una de esas nociones esquivas y complejas que suelen disfrazarse de claridad. La mención de lo ‘normal’ como objetivo obliga a preguntarnos qué es lo que se interpreta como tal. En su raíz, lo ‘normal’ no es otra cosa que aquello que se apega a la ‘norma’. El problema aparece cuando nos preguntamos por esta norma. ¿Cuál es la ‘norma’ sobre la cual nosotros elaboramos nuestra percepción de lo normal? Y, más importante aún, ¿quién define esta norma? ¿Es ‘normal’ el estado actual de tensión y de enfrentamiento que se da en la Argentina, y que obliga a redefinir la capacidad de acción y de presión de los distintos actores sociales y políticos? ¿O lo normal es la alianza implícita entre poder político y económico, y el relegamiento al estatus quo histórico de los distintos actores sociales con demandas de cambio?

En ambas preguntas lo que trasciende es otra de las características de la ‘normalidad’. Lo ‘normal’ suele asociarse con lo acostumbrado, lo tradicional, lo vivido. Es en este sentido que la ‘normalidad’ suele actuar como una expresión del ‘sentido común’. Pero ambos, normalidad y sentido común, no son sino el producto de tan sólo una de las experiencias posibles de la realidad. Para quien ha vivido y triunfado en un marco de reglas dado durante un período de tiempo prolongado, resulta natural calificar de ‘normal’ aquel marco regulatorio. La percepción de ‘normalidad’ puede incluso alcanzar a aquellos que se ven perjudicados por ese marco de reglas, pero que lo asumen como dado e inevitable. Ésta es una de las caras de la resignación, que se explica, precisamente, porque los excluidos en un sistema de reglas dado pueden llegar a asumir como propio los valores y anhelos de los vencedores, aceptando que la ‘normalidad’ realmente existe, y que su destino es ser excluidos.
 
Es por esto que lo ‘normal’ suele asociarse con los modelos duraderos o exitosos. Podríamos preguntarnos, por ejemplo, qué entendemos por normalidad cuando hablamos de modelos económicos. En un mundo capitalista existe el consenso de que el capitalismo representa la normalidad. Pero del mismo modo, en los modelos comunistas se da el acuerdo de que lo normal es el comunismo, y lo propio ocurría con el modelo mercantilista hasta el siglo XVIII. En todos los sistemas, por otra parte, se han oído y se oirán inevitablemente voces de crítica que pugnen por un cambio. Aunque resulte obvio aclararlo, esto es así simplemente porque la calificación de lo ‘normal’ es subjetiva e histórica. Lo normal para unos puede no ser lo normal para otros. Lo normal en determinado momento histórico puede no serlo en otro.

En los ’90, por ejemplo, la norma en occidente definía que las reglas deseables eran aquellas del neoliberalismo económico. Tras las crisis de comienzo de siglo y las subsecuentes crisis en los países centrales, el capitalismo occidental se encuentra tal vez por primera vez en muchas décadas sin una norma, sin un patrón de regulación económica y social claro y de probada eficacia. Y es en este contexto en el cual se desarrollan las novedosas experiencias latinoamericanas, y en el cual deben insertarse las palabras de De Narváez: “Nos une una vocación de volver a la normalidad.”

La ‘normalidad’ a la cual hace referencia el político bonaerense puede parecer esquiva por lo vaga e indefinida. Sin embargo, su deseo de una ‘vuelta’ a la normalidad deja en claro que aquello que él considera ‘normal’ ya ha tenido lugar en la Argentina y que tan sólo es cuestión de volver el reloj hacia atrás y de recuperarlo. A nadie es ajena la cercanía de De Narváez con el menemismo de los 90, ni su apoyo al riojano en las elecciones del 2003, o su alianza electoral en las del 2011; tampoco su simpatía política por Macri y su afinidad ideológica con Scioli. Hay, en la historia del político, pero también en su discurso, una matriz neoliberal. No parece posible imaginar que sea otra la ‘normalidad’ a la que se pide volver. Una normalidad que, como todas, ha tenido sus claros vencedores y sus claros excluidos. En un mundo en crisis, donde se pone en cuestionamiento cada vez más el modelo de regulación de las últimas décadas y se plantea la necesidad de desarrollar un nuevo patrón de relación entre sociedad y economía, el peronismo de De Narváez pide por una vuelta al pasado. Y quizás, por la recuperación del menemismo.



1 comment:

Simud said...

Unos días después, en una mesa en TN, De la Sota, acompañado por Moyano y De Narváez, apelaba al mismo concepto: "Queremos un país normal," decía.

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