08/01/2016

Hegemonía y medios según Chomsky

"Los factores estructurales [que dominan el hacer de los medios de comunicación] son aquellos como la propiedad y control [de estos medios], la dependencia de importantes fuentes de financiamiento (en especial publicidad), y las relaciones e intereses mutuos entre los medios y aquellos que producen las noticias y tienen el poder para definirlas y darles sentido [agentes políticos y económicos]. [Nuestro modelo] también incorpora otros factores estrechamente relacionados con estos, como la habilidad [del estáblishment] para cuestionar el tratamiento mediático de ciertas noticias, para ofrecer ‘expertos’ que confirmen las tendencias oficiales acerca de las noticias, y para fijar los principios ideológicos naturalizados por el personal de los medios y la elite, pero usualmente resistidos por la mayoría de la población. A nuestro entender, las mismas fuentes de poder subyacentes, que controlan los medios y los financian a través de la publicidad, y que funcionan definiendo las noticias y generando poder de crítica y expertos adecuados al pensamiento dominante, juegan, a su vez, un rol clave al fijar principios [profesionales] básicos e ideología dominante. Creemos que lo que los periodistas hacen, aquello que suelen percibir como digno de ser noticia, y todo aquello que dan por sentado como premisas propias de su trabajo, puede explicarse a partir de la existencia de incentivos, presiones y limitaciones incorporadas por este análisis estructural.

Estos factores estructurales que dominan las operaciones mediáticas no son ineludibles, y no siempre producen resultados unidireccionales y homogéneos. Es bien sabido (...) que los distintos componentes de una organización mediática poseen ciertos límites de autonomía, que valores individuales y profesionales influencian el trabajo de los medios, que toda bajada de línea es imperfecta, y que la propia política de los medios admite cierto grado de disenso que habilita el cuestionamiento de puntos de vista aceptados. Estas consideraciones permiten asegurar cierto disenso en la cobertura de hechos incómodos. La belleza de este sistema, sin embargo, reside en el hecho de que este disenso y esta información inconveniente se mantienen bajo control y en los márgenes, de modo que mientras su presencia demuestra que el sistema no es monolítico, tampoco logra ser lo suficientemente amplia como para interferir con la agenda oficial dominante. 

[...] Los principales ingredientes de nuestro modelo, o nuestro set de ‘filtros’ periodísticos, pueden definirse del siguiente modo: (1) el tamaño, la concentración, el poder y la orientación económica de los principales grupos mediáticos; (2) la publicidad como la principal fuente de ingreso de los medios masivos; (3) la confianza de los medios en la información provista por gobiernos, empresas, y ‘expertos’ financiados y aprobados por estas mismas fuentes; (4) el ataque a los medios como forma de disciplinamiento; y (5) el ‘anticomunismo’ como religión nacional y mecanismo de control. Estos elementos interactúan y se refuerzan mutuamente, dejando tan solo un residuo purificado antes de toda publicación. También fijan las premisas discursivas y las interpretaciones, lo mismo que las definiciones acerca de qué vale como noticia, y permiten explicar las bases y operaciones de lo que termina siendo campañas de propaganda.

El dominio de los medios por una elite y la marginalización del disenso que resulta de la acción de estos filtros ocurre de modo tan natural que los periodistas, muchas veces operando con absoluta integridad y buena voluntad, pueden acabar convencidos de que son ellos los que seleccionan e interpretan las noticias ‘objetivamente’ y sobre la base de valores periodísticos profesionales. Puede decirse que dentro de los límites de estos filtros condicionantes, suelen actuar objetivamente; ocurre que estos condicionantes son tan poderosos, y se encuentran entrelazados con el sistema de forma tan fundamental, que la existencia de criterios alternativos para la selección de noticias apenas puede imaginarse."

Noam Chomsky y Edward Herman (2000) Manufacturing Consent.


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