L levo un tiempo (tal vez un año) acercándome más y más al dibujo, lo que creía algo casi superado. No ‘acercándome’, claro, sino ‘retornando’. Salvo algún ejercicio de inversión de roles con algún dibujante amigo, no había vuelto a delinear cómics desde mi adolescencia, y eso, pueden creerme, es muuucho tiempo. Todavía no tengo en claro qué fue lo que me hizo volver a dibujar sin tanto pudor. Tal vez la ilusión de que no soy tan malo; tal vez la constatación de que es demasiado difícil encontrar dibujantes que realmente se comprometan para proyectos de mediano o gran tamaño, o que tengan un ritmo de trabajo enfermo como el mío. Tal vez el cada vez más profundo contacto con las teorías de Neil Cohn sobre el lenguaje visual, a las que ingresé casi al tiempo en que me cruzaba con conceptos como los volcados en el Manifiesto de la Novela Gráfica de Campbell, o en el movimiento de Grassroots Comics de Sarad Sharma, o en el ‘comics journalism’ de Joe Sacco. Todos los cuales enfatizan e...