«L a logia que organizaron Alvear y San Martín en Buenos Aires tomó el nombre del caudillo araucano Lautaro, un sirviente de Valdivia, el conquistador de Chile, que aprendió de él las destrezas marciales de la caballería, se rebeló y le dio muerte, según la leyenda, haciéndole beber derretido el oro que tanto lo obsesionaba. Era una perfecta metáfora del desafío que asumían aquellos criollos, formados en el ejército español, al levantarse contra el opresor colonial (y si tomaron como emblema un “indio chileno”, según expresión de Vicente Fidel López, era porque para ellos no había diferencias entre indios y criollos, y menos entre argentinos y chilenos). […] E n mayo de 1813, cuando organizaba sus escuadrones de granaderos, San Martín recibió en Buenos Aires un contingente de 261 reclutas misioneros, conducidos por cuatro oficiales guaraníes… San Martín era “paisano” de los misioneros por haber nacido en Yapeyú, y además ––según documentos y testimonios que ahora conocemos mejor–– ...